jueves, marzo 22, 2012

El desdichado


El desventurado Boabdil acompañado de su madre, esposa e hijos se retiró al valle de Purchena, donde se le había concedido un territorio corto, pero fértil, con el señorío y rentas de varios pueblos. AI visir Jusef Aben Comixa se había señalado igualmente muchas tierras; y así él como Jusef Tanegas acompañaron al Rey en su retiro. Si cupiese en el corazón del hombre vivir contento con la posesión del bien presente, sin acordarse de grandezas pasadas, Boabdil hubiera podido al fin disfrutar algunos días serenos. Viviendo en un valle delicioso y en el seno de su familia, rodeado de vasallos obedientes, y de leales amigos, hubiera podido volver atrás la vista, y contemplar su pasada carrera como quien recuerda las especies de un confuso y espantoso sueño; y debiera bendecir el cielo por haber despertado en el goce de tan tranquila seguridad. Pero Boabdil no podía olvidar que había sido Monarca, y la memoria de la pompa regia en que se había visto, le hacían mirar con desprecio todas las comodidades que disfrutaba. En este estado de cosas el visir Aben Comixa, creyendo complacerá a su amo, ó acaso inducido por los ministros de Fernando, se concertó con el Rey Católico para la venta de las posesiones de Boabdil, y sin la aprobación ni consentimiento de éste, la efectuó por la cantidad de ochenta mil ducados de oro, que le fueron pagados en el acto. Aben Comixa, cargando el dinero en acémilas, partió alegre de vuelta a las Alpujarras, y llegando á presencia de Boabdil, le puso delante el oro, diciendo: "Señor vuestra hacienda traigo vendida; ved aquí el precio de ella. He querido apartaros del peligro en que vivís, permaneciendo en esta tierra. Los moros son una gente veleidosa y temeraria, y con el pretexto de serviros no dejarán de intentar cosas que acarreen la ruina de todos nosotros, y pongan en riesgo vuestra persona. He notado también la tristeza que os consume en este país, donde todo os recuerda que fuisteis Rey, sin dejaros la menor esperanza de volverlo á ser. Vamos, señor, al África, que con este dinero compraremos allí mejor hacienda, y viviremos con más honor y más seguridad.

Al oír estas palabras fue tal la cólera de Boabdil, que sacó su cimitarra, y si no le quitaran tan presto de delante á su oficioso visir, lo sacrificara en el acto á la rabia que le dominaba. Pero Boabdil no era vengativo; aquella llamarada de ira se apagó muy pronto, y viendo que el mal no tenía remedio, juntó sus tesoros y efectos preciosos, y partió con su familia y criados para un puerto de mar donde le esperaba un navío prevenido por orden del Rey cristiano.

Cuando llegó al puerto, acudieron muchos de los que habían sido sus vasallos para verle antes que partiese. Embarcase Boabdil, y los espectadores viendo desplegadas al viento las velas del navío, ya libre de sus amarras, quisieran con una despedida afectuosa, mostrar á su desgraciado príncipe el interés que tomaban en su suerte; pero la consideración del estado humilde á que había llegado, trajo irresistiblemente á su memoria el apellido ominoso de su juventud: "Adiós, Boabdil dijeron, Alá te guarde, Al-Zugabi" (el Desdichado). Esta denominación fatal se imprimió altamente en el corazón del expatriado Monarca, y de nuevo se le humedecieron los ojos al perder de vista las nevadas cumbres de la serranía de Granada.

Llegando á Fez, fue bien recibido del Rey Muley Acmed, deudo suyo, y vivió muchos años en sus dominios. Su manera de vida en todo este tiempo, y si la pasó con resignación ó disgusto, no lo dicen las historias. La última noticia que se tiene de él es del año 1526, treinta y cuatro años después de la pérdida de Granada, cuando acompañó al Rey de Fez á la guerra, para suprimir una insurrección de dos hermanos llamados Xerifes. Los ejércitos se dieron vista en las orillas del Guadisved, o rio de los esclavos junto al vado de Bacuba. El rio era profundo, las orillas altas; y por espacio de tres días estuvieron los dos ejércitos haciéndose fuego de la una á la otra parte, sin atreverse ni unos ni otros á pasar aquel vado peligroso. Al fin, habiendo el Rey de Fez dividido su ejército en tres trozos, dio el mando del primero á su hijo, en unión con Boabdil, encargándoles que pasasen el vado y ocupasen al enemigo, mientras él llegaba con el resto de las tropas. Boabdil acometió la empresa; pero cuando llegó á la orilla opuesta, fue tan vigorosamente atacado por el enemigo, que el hijo del Rey de Fez y muchos de los capitanes más valientes murieron en el primer encuentro. Retrocediendo estas tropas, se mezclaron con las demás que empezaban á pasar el vado, y se siguió la mayor confusión y desorden; la caballería atropellaba á los peones, y éstos, atosigados por la matanza que hacía en ellos el enemigo, no sabían á que parte volverse; por manera, que los que escapaban de morir a hierro perecían en el agua. En esta horrible carnicería sucumbió Boabdil, verdaderamente llamado Al-Zugabi, triste ejemplo de los caprichos de la fortuna; pues tuvo este príncipe valor para morir en defensa de un reino ajeno, no habiéndolo tenido para morir defendiendo el suyo.

Nota. En la galería de pinturas del Generalife, puede verse un retrato del Rey chico Boabdil, que está representado con semblante apacible, rostro hermoso y de buen color, y cabello rubio. Su vestido es de brocado amarillo con relieves de terciopelo negro, una gorra de la misma estofa y color, y sobre ésta una corona. En la armería de Madrid existen dos armaduras que se cree fueron suyas, una de ellas de acero sólido con muy pocas labores; y según sus dimensiones, puede presumirse que Boabdil sería de buena estatura y de robusto cuerpo.

viernes, marzo 16, 2012

Cuadernos Secretos de Washington Irvin

Tan prodigiosa realidad descubrió Washington Irving en la Alhambra, que jamás se atrevió a publicar los textos, ilustraciones y daguerrotipos a través de los cuales daba noticia de todo ello. El conjunto queda recogido en estos Cuadernos Secretos, inéditos desde 1829, año en que el escritor pasó por Granada y compuso sus célebres cuentos. Irving observó que el recintó nazarí se hallaba poblado de todo tipo de criaturas feéricas: desde hadas anglosajonas que tomaban el té, hasta andjelusen de los que, como escapados de las Mil y Una Noches, acompañan a los tuareg del desierto. Elfos, silfos, trasgos, faunos y eunucos durmientes. Ángeles descendidos de las cumbres de Sierra Nevada, y diablos escapados de los mismísimos infiernos de Loja. Y un duque, Jonás de Gor, que, con su cámara de daguerrotipos, se empeñaba en cazar semejantes criaturas traviesas, venenosas y siempre mágicas.
Estos Cuadernos Secretos suponen una revelación sorprendente, y la confirmación del accidentado viaje, al centro de la Alhambra, que protagonizaron el duque y el escritor norteamericano, ambos fascinados por la idea de hallar la auténtica tumba del último rey nazarí: Boabdil. Ahora, en rigurosa exclusiva, por primera vez desde 1829, todo el material ve la luz en el presente volumen, incluidos los numerosos dibujos realizados por Irving, con su plumilla romántica, y los auténticos daguerrotipos que captaba el duque de Gor.

jueves, marzo 08, 2012

La Roja

No solo la Alhambra comercial esiste...
Cada día mas "pija"...

sábado, marzo 03, 2012

12 Leones (Wa-lā gālib illā Allāh)

Recobrando su anterior majestuosidad ya estan en su lugar los 12 Leones del háren del Sultan.
Los últimos estudios hechos dicen que los leones proceden de la casa del visir y poeta judío Yusuf Ibn Nagrela (1066). No se sabe si se construyó antes de su muerte; se le acusó ya en la época de querer realizar un palacio más grandioso que el del mismo rey. Se conserva por el poeta Ibn Gabirol (s. XI) una descripción casi exacta de dicha fuente. Representan las 12 tribus de Israel. Dos de ellos tienen un triángulo en la frente indicando las dos tribus elegidas: Judá y Leví. Son del siglo XI. La taza lleva escrita en su perímetro versos del ministro y poeta Ibn Zamrak en los que bellamente se describe la propia fuente.

«Bendito sea Aquél que otorgó al iman Mohamed
las bellas ideas para engalanar sus mansiones.
Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas
que Dios ha hecho incomparables en su hermosura,
y una escultura de perlas de transparente claridad,
cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?
Plata fundida corre entre las perlas,
a las que semeja belleza alba y pura.
En apariencia, agua y mármol parecen confundirse,
sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza,
pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube
que vierte en los leones sus acequias
y parece la mano del califa, que, de mañana,
prodiga a los leones de la guerra sus favores?
Quien contempla los leones en actitud amenazante,
sabe que sólo el respeto al Emir contiene su enojo.
¡Oh descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta,
herencia de nobleza, que a los fatuos desestima:
Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume
renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!»

Detalle del triangulo en uno de los Leones

sábado, enero 14, 2012

ePUB

Terminaciones, ese concepto que en informática es tan importante y al mismo tiempo tan rarito; tengo que reconocer que cuando escuche por primera vez la palabra (punto jpg) y al mismo tiempo me contaron que la terminación es mas descriptiva e importante que el nombre del archivo comprendí que no me seria fácil conocer para que valen todas esas letras que vienen detrás del punto. Y al mismo tiempo que si no entendía que querían decir esas tres letras o en este caso cuatro, no podría saber para que valen o simplemente que son en su contenido.
Con el tiempo y después de manejar los .com y los punto Zip, todo era mas fácil, ya no era problema encontrar un punto no se que y no saber para que vale, directamente metes en google (que coño es .org) y te suelta toda la información necesaria para no volver a preguntar mas por el tema.
Pues bien, eso mismo me paso cuando me dijeron que había un formato nuevo para libros, ese que manejan los lectores de libros que ahora están de moda. El formato es epub, cuando lo escuche por primera vez pensé que se trataba de un formato solo para esos chismes, pero otra vez mas google me despejo las dudas, me dijo que ese formato es un estándar en informática y con la posibilidad de ver editar y crear en windows; y no tarde ni un pis pas en tener en mi poder todos esos programas que gratuitamente hacen esas funciones, y estoy encantao colegas, ahora manejo cientos de libros pues como la música o las películas en la red hay muchos sitios donde podemos compartir ese material gratis o por un precio razonable comprarlos, esto si es entrar en el mercado, pues al mismo tiempo que colaboramos con la cultura no nos sentimos robados pagando precios desproporcionados al producto.

El ePUB:
http://es.wikipedia.org/wiki/EPUB

Para que voy yo a decir nada si otra vez google se explica mucho mas clarito que un servidor.

A mi solo me queda que decir los nombres de los programas que valen para manejar y crear esos archivos, pues si quisiera explicar como funcionan también Google me sacaría ventaja.

Sigil - Crea y edita epub.
Calibre - Lo mismo y mas.
Adobe Digital Edition - Lector y catalogador de libros.

Como aporte mio voy a compartir con vosotros una carpeta en la nube (Box) donde guardo muchos de mis libros, unos leidos y otros por leer.
Libros
Namasté.

martes, enero 03, 2012

El ultimo año de esta era

Dicen los Mayas que sera en este año el gran cambio, yo por si acaso voy a poner una foto de mi cara esperando el momento
A finales de año espero poner otra mas colorida...
Feliz año.

miércoles, octubre 19, 2011

Las Pasaderas

29 de Junio: San Pedro y San Pablo- Las Pasaderas
Las «Pasaeras» era un juego que consistía en cruzar el cauce del río Darro sobre piedras enjabonadas o con sebo. Era como una cucaña, sólo para señoritas, se iniciaba la diversión a las siete de la mañana y otorgaban premios la Comisión de Festejos y el comercio. En 1972, último año de las «pasaeras», pusieron la fiesta a las siete de la tarde; ¡Innovadores!

El cura Bueno Pardo escribe: «El día de San Pedro va mucha gente a rezarle y mucha, mucha, muchísima a las enjabonadas pasaderas del río; a mojarse las mozuelas gentiles los zapatitos nuevos y las bordadas fimbrias de los limpios vestidos en la espuma de la corriente mansa, mientras que, atolondrada muchedumbre del masculino sexo, se entretiene en cazar «monas» por los alrededores pintorescos de las cercanas alturas» Surroca dice que los mozos se dedican a cazar «moscas». El que tenía razón era el cura, pues los jóvenes, además de trincar mozas entre los árboles, agarraban «monas», jumeras increíbles. Afán de Ribera dedica a la Fiesta de las pasaderas más de diez páginas, en las cuales describe minuciosamente el jolgorio y su mecánica. En un momento explica: «¡Qué bulla y qué bullicio cuando alguna forastera, moza de servicio, más audaz que sus compañeras, intentaba la aventura, dando por postre un episodio de enseñanza libre de robustos cimientos y de ligas más o menos verdes o coloradas!» Al fin, todo el mundo acababa cantando lo de «A San Pedro, como era calvo, le picaban los mosquitos, y su madre le decía: Cómprate un gorro, Perico».
Hasta hace unos años se mantuvieron las pasaderas y hoy esperamos su rehabilitación, ya que se habla de «asociación de vecinos de San Pedro». Si renacen, estamos seguros que los organizadores sabrán respetar las tradiciones. La víspera de la fiesta, Los Serenillos, que tenían un quiosco al lado del Rey Chico, eran los encargados de abrir la poza y colocar los peñones para las pasaderas: eran siete, tres fijos al principio y tres, también fijos, al final, y el de en medio, que se movía. A las piedras se las untaba con jabón y sebo, con lo que resultaba muy difícil cruzar el río sin caer a la poza, incluso evitando la piedra móvil del centro. La diversión se iniciaba con el alba y los mozos esperaban el comienzo de ella tomando anís y buñuelos, aquellos que se vendían engarzados en un junco. En los últimos años de su celebración, con las limitaciones a que eran sometidas las jóvenes, las principales participantes, a la hora de cruzar descalzas las «pasaeras», fueron las «niñas de mal vivir». Y, entre ellas, se dice que aguantaron hasta que se extinguió la fiesta, la Puta Pelada y la Pelona de la Fuente, muy habilidosas en esquivar resbalones. Al medio día, se cercaba el paseo y se obsequiaba a los chaveas del barrio con arroz con carne. Lo preparaban los cocineros del Sacro Monte, que bajaban con toda clase de cacharros y peroles y lo servían las mozas del barrio, ataviadas con mantones de manila y peinetas. Ambiente muy de los años cuarenta.

Estracto del libro de Antonio Joaquín Afan De Ribera - Fiestas Populabes De Granada (1884)
I.
Hay Santos de miedo, según la frase vulgar, y eso acontece con el bendito San Pedro, aunque sea el amo de las llaves del cielo, y uno de los más populares apóstoles cuando andaba por estos mundos de Dios.
Asi es, que el hecho á que se refiere el cantar granadino que dice:

Dauro tiene prometido
el casarse con el Genil,
y le ha de llevar en dote
plaza Nueva y Zacatín.

Afirman viejas comadres que ha de tener efecto un 29 de Junio, aunque sin poder asegurar el año, pues á tanto no llega el espíritu profótico de estas aves de mal agüero. Mas los incrédulos se burlan de semejantes murmuraciones, achacándolas á malquerencia con el Santo, por suponérsele enemigo nato de las solteronas, á las que tiene jurado no abrirlas ni la rendija más diminuta de la mansión apetecida que custodia.

Verdad es, que las famosas avenidas del rio de las arenas de oro, han sido, por lo regular, en su aniversario, y que es muy raro se pase su tarde sin que nubes más ó menos amenazadoras aparezcan por la sierra de Huétor, entoldando por intervalos el claro azul de la atmósfera del Estío.

Mas semejantes temores, que de no verlos realizados se abriga consoladora esperanza, no impiden que la famosa verbena fuese una de tantas festividades populares llamadas, por desgracia, a desaparecer, y que, recreando el ánimo, ponia de relieve nuestros tipos y nuestras costumbres.

II.
No esperaban las gentes á que los ardorosos rayos del sol menguasen su brillo, para inundar, en distintos sexos y edades, el agradable paseo de la Carrera del Darro, formando un interminable cordón desde la plaza Nueva, y esparciéndose, ya por las cuestas de la Victoria y del Chapiz, ya por la del Rey Chico, ó subiendo la entonces pintoresca y tortuosa del Avellano.

Cierto que no hay muchas hermosuras como la de Granada, sin que pueda atribuírseme este elogio á pasión como uno de sus hijos.

Venid conmigo y admirareis el lindo cuadro que se presenta.

El Dauro, encajonado y deseando ensanchar su cauce, fertiliza desde Jesús del Valle los alegres cármenes que bordan sus orillas, y que son mansión de salud, nido de hadas y plantel de flores y verdura.

Pasando por el puente de las Chirimías, lame las primeras casas de la Ciudad, y como que desea apresurar su curso bajo la famosa torrentera •vecina de la iglesia, temiendo que el Cubo de la Alcazaba se desplome y entorpezca su corriente.

Á la entrada del Paseo, la vista se eleva contemplando los muros y balconaje del afiligranado salón de Embajadores, y más a lo lejos la torre de los Pieos, y los restos de la cerca de los moriscos adarves, que recuerdan en las noches de luna las
zambras voluptuosas de las esclavas del harem de los soberanos nazaritas.

Y á la izquierda las chumberas de Montes-Claros y los torreones de la enorme muralla donde se abría la puerta de Bib-Guedaix, y el árabe palacio que ocupaba la Aduana de la Seda, uno de los más florecientes ramos de la mercadería musulmana,
y el Sacro-Monte, elevándose majestuosamente á espaldas del cerro del Sol, guardando en preciado templo las veneradas cenizas de los Santos Mártires del Evangelio.

Y á la derecha el camino de aquella poética fuente que Chateaubriand comparó á la de Vaucluse, y donde sus filtradas aguas refrescan los ardores de su penosa subida, precursora de la que conduce á las de la Salud y Agrilla, remedio eficaz de las doncellitas ojerosas á quienes el amor desvela, y que necesitan de un líquido ferruginoso que renueve su sangre y les devuelva el sueño y el apetito.

Y en el valle, á uno y otro lado, florestas de verdes avellanos, cuyas raices besan las corrientes y entre cuyos troncos suspiran las auras, que saturadas de vida llegan á ensanchar el pecho de los que las respiran, sin tener la peligrosa humedad de las de Genil, y con doble y más purísimo y reparador oxígeno.

Y atravesando el puente de las Cornetas, se entra en el paseo llamado de los Tristes, sin duda por la soledad que alli de continuo reina, ó porque en este sitio se despide á los que fueron, y que por la agreste vereda á que da nombre el último
rey musulmán, «Boabdil el Zogoibi, ó Desventurado», son conducidos á la última mansión que á todos aguarda en el Campo de la Escaramuza.

Pues añadid al boceto que toscamente describo, un tocado de cielo purísimo, de un azul que únicamente se conoce en algunas regiones de Andalucía, y entonces comprendereis la verdad de mis palabras, y exclamareis con el insigne Zorrilla:

«Granada, ciudad bendita
reclinada sobre flores;
quien no ha visto tus primores
al nacer debió cegar.»

III.
Pero volvamos al asunto que nos ocupa. Son las cinco de la tarde y la concurrencia es numerosísima.
Una banda de música hace oir sus acordes en medio del arrecife, pero los mozos decidores y las lindas muchachas que de los barrios han venido luciendo su precioso talle, sus ojos hechiceros, y su gracia y su limpieza, realzada con los trapitos de cristianar, es decir, la enagua con faralaes, el mantón de Manila y el manojito de claveles en el cabello, esas no tienen otra frase que la de vamos al rio á recorrer las pasaderas.

Razón es seguir sus deseos, que siempre es gustoso ir en buena compañía, y ocupando la rampa del carmen de la Fuente, nos encontramos con las dichas, en pleno álveo, con arenas y piedras en un lado, y corrientes más ó menos cristalinas en el opuesto.

Entre la bajada de la huerta de Zapata y la linde de la antedicha posesión, los jóvenes solteros de aquellos contornos, se habían entretenido por la mañana en ensanchar el lecho del rio, para que no pudiera vadearse á saltos, y fuera preciso el atravesarlo por cima de unas tablas, que tenían por apoyo dos gruesos peñones en los extremos.

Y me diréis, amados lectores, aquellos que desconocen el motivo, que cuál encanto conducía á aquella peligrosa puente de Mantible, que en verdad ni los honores de senda podía obtener.

Pues bien; yo les responderé prontamente, que el misterio consistía en estar el referido tablado lleno de peguntoso jabón, con gran paciencia y nó muy católicas intenciones introducido, haciendo el andar por él, tan resbalizo y peligroso que era necesaria la habilidad de un equilibrista para recorrerlo.

Y consistía la gala de las mozuelas, unas á sabiendas y otras ignorantes, el atravesarlo, para beber y descansar en un manantial á que dá nombre la Teja por donde un hilo plateado iba a llenar el rústico recipiente.

¡Qué de bulla y de jolgorio, cuando alguna forastera, moza de servicio, más audaz que sus compañeras, intentaba la aventura, dando por postre un episodio de enseñanza libre de robustos cimientos, y de ligas más ó menos verdes ó celeradas.

¡Qué de aplausos cuando unos pulidos novios, llevando las manos entrelazadas por balancín, salían sanos y salvos, mientras la madre desde la orilla, sin atreverse á seguirlos, los llamaba á grandes gritos, que con el murmullo general no oia la mozuela!

¡Pues y cuando un discípulo de Baco, que llegaba de alguna sombra del barranco de las Tinajas, quería lucir sus andares, y á lo mejor se daba un baño, sirviéndole el refrescón de excelente medicina!

Y la algazara de los chicuelos y gente menuda, que saltando como ranas apostrofaban á las tímidas, y eran el coro de los mozalbetes que con pañuelos llenos de garbanzos tostados obsequiaban á sus parejas, ó requebraban á las prójimas que en bandadas como las golondrinas, saltaban de piedra en piedra, enseñando unas cosas cuyo diseño es para quedarse en el tintero!

En estas y las otras, el sol corría á ocultarse detrás dé los montes que rodean la ciudad,y los grupos diseminados en el cauce del rio, y que habían estado de merienda, acudían también á el concurso, y mal que bien salían como á nado de aquellos parajes, aprovechando la conveniencia de que con tantos resbalones y pases, el unto ya se habia quedado en las suelas de los zapatitos de tabinete de las muchachas, y en los claveteados botines de los labradores del camino.

No creáis que esta diversión popular, era solo para la gente de bronce. También las señoritas se atrevían á tomar parte en ella, y muchos caballeros de sombrero de copa, á riesgo de pediluvios, obtenían el apetecido sí, que se sancionaba después en amante diálogo en la reja de su adorada.

No faltaban sus quimeras, sobre si algún celoso marido notó que un prójimo se bajaba demasiado a examinar las extremidades de su cónyuge, ó si un amante mal correspondido veia que su adorado tormento apretaba la mano más de lo regular al hombre que le servia de cirineo en el mal paso, pero más eran los gritos que los coscorrones, y se cumplía perfectamente el adagio, de que no llegaba nunca la sangre al rio.

Algunas reyertas heran objeto de burla, ya porque un activo municipal ó un justiciero alcalde de barrio, al perseguir á los criminales, daban su correspondiente chapuzón al intentar de carrera la peligrosa travesía.

Esto formaba el saínete de las pasaderas en la verbena de San Pedro, olvidada hasta otro año, mientras las tinieblas se extendían por el horizonte, y el tropel de paseantes se apresuraba á ganar sus viviendas, unos satisfechos y otros renegando de su excursión á las Angosturas, denominación técnica del sitio que describimos.

También se encontraban rezagados, como siempre los hay en esta clase de fiestas, durmiendo la mayoría la peana en aquellas orillas, expuestos á que una avenida de las que no avisan, que es otra de las condiciones especiales del apacible Dauro, los llevase mal de su grado á despertar á Sevilla, envueltos entre las turbias oleadas de la tormenta.

Y asi mismo á otros á quienes el peleón les daba por guerreros, aguardaban la noche para moverla, como le aconteció á un terne de mi conocimiento, que ya dadas las Ánimas quiso pespuntar el guitarro á un grupo que sentado en escondido poyo, se ocupaba en rezar y no oraciones, y entonando aquello de:

«San Pedro como era calvo,
le picaban los mosquitos.»

Obtuvo por la irreverencia un formidable estacazo, que lo llevó á San Juan de Dios á continuar el interrumpido solfeo.
Y de esta y como esta, no faltaban escenas para apéndice, siendo el pasto sabroso del siguiente dia, en corrillos y tabernas, y la ocupación no deseada de escribanos y alguaciles.

Pero los tiempos mudan, y las costumbres populares, tan arraigadas desde hace siglos, se van perdiendo en esta atmósfera excéptica ó indiferente que nos rodea, y las antiguas fiestas donde el patriotismo y la religiosidad se demostraban, hoy cuando menos sirven de casos de burla, eclipsándose aquellas hermosas luces del olmo, ante los rojizos resplandores del petróleo y los embales crecientes de la revolucion universal.

¡Ay! que por lo que hace á nuestra patria, el Señor permita que se mejore algún tanto aquel non possumus que, como dicho á San Pedro, servirá de final á esto artículo.

Cuéntase que el Apóstol, deseoso de llenar á España de celestiales dones, pidio y obtuvo de su Divino Maestro para aquella, un horizonte purísimo, una vegetacion lozana, un clima saludable y una belleza especial para los en esta tierra nacidos.

Pero al querer, como conjunto de tantas finezas, un paraíso, le respondió el que todo lo puede:
—Eso es imposible; entonces seria el segundo paraíso.
Y asi ocurre, es un paraíso, pero con serpientes.