miércoles, marzo 28, 2012

Irving

Monumento a Washington Irving
Hechizo
Peregrino que has creído llegar acá atraído con cualquier pretexto; mortal al que se te ha dado la gracia de nacer aquí: sábete que hay poderosas razones por las que no es casual tu estancia en este Reino. El Destino teje con hilos invisibles el Arcano del que tú formas parte.
Granada es la mística Araña: atrapa las almas para la pira de la superación individual. Hombre que has caído en su honda red metafísica: no olvides que la Alhambra es una recompensa que la deidad te ofrece en tu noble peregrinación a través de los cuerpos que, antes de nacer a esta vida presente, te disfrazaron.

Maqabrillas - Lapidas Musulmanas

Fue práctica habitual el utilizar la piedra de los lugares de enterramiento musulmán para diferentes construcciones en Granada, se usó la piedra del Cementerio de Puerta de Elvira para la Iglesia del Monasterio de San Jerónimo, o también en la Iglesia de San Cristóbal en el Albayzín. En esta ocasión, en la muralla que nos ocupa, que discurre desde la Puerta de la Explanada a la Puerta del Vino, parece que su origen sería el Cementerio (o Maqbara) de la Sabika.

Namasté.

Sobre la Puerta de la Justicia

El sustantivo árabe «sari'a» tiene varias acepciones, una de ellas es «justicia», y otra «explanada». El profesor Basilio Pavón Maldonado ya dejó claro que la acepción correcta en este caso es «explanada», ya que esta puerta daba paso a la gran Sari'a o explanada ritual ante la mezquita mayor que había estructurado Muhammad III (1303-1309). Esta puerta es erigida en 1348 por Yusuf I (1333-1354) como podemos ver en su lápida fundacional. Aunque desde el siglo xv los textos cristianos denominan a esta puerta como de la Justicia o Judiciaria, debemos ir acostumbrándonos a llamarla puerta de la Explanada.
 
Namasté.

jueves, marzo 22, 2012

Matanza de Judíos


Crónica de una Matanza Anunciada: La Rebelión de La Alpujarra en la Nochebuena De 1568
La rebelión de los moriscos de la Alpujarra en 1568 fue de carácter esencialmente religioso, manifestándose por las persecuciones sistemáticas de los cristianos. Este juicio respecto a la famosa sublevación ha sido compartido por la mayoría de los cronistas e historiadores desde la época. El estudio más reciente de la cuestión morisca caracteriza la rebelión en unas pocas líneas como la venganza atroz de los moriscos enfurecidos.
En la llamada matanza de Nochebuena tenemos que señalar el papel que tuvo el imaginario cristiano en los acontecimientos que produjeron la rebelión morisca.
Los Moros y Cristianos de Granada.
La política que se aplicó a los moriscos no fue asimiladora, sino de persecución religiosa y genocidio cultural. Convertidos por la fuerza al catolicismo a raíz de las iniciativas de Jiménez de Cisneros los granadinos musulmanes fueron objeto de discriminaciones crecientes por parte de la Inquisición de la Iglesia y de la administración real. Mientras tanto, se les quitaban las tierras y padecían la crisis de la industria sedera. Por estás opresiones muchos moriscos pacíficos se dieron a los montes haciéndose “monfíes” bandoleros. En la segunda mitad del siglo XVI el peligro turco tuvo un papel decisivo en la política internacional de los Austrias. Los desembarcos de corsarios musulmanes en la costa y los intentos de moriscos de pasarse a África alimentaron el mito de una quinta columna morisca conspirando para traicionar España a los turcos. En 1567 se proclamó una pragmática real prohibiendo varias costumbres moriscas y sometiendo a los conversos al escrutinio permanente de los castellanos viejos para eliminar la supuesta supervivencia de su fe musulmana. Esta fue una etapa decisiva en el proceso de la rebelión. En 1 .568, los estragos de los monfíes parecían que iban en aumento y rumores de una inminente insurrección de todos los moriscos se apoderaron de la Granada castellana. La élite morisca de la capital era parte de la conjura y esperaban que con los disturbios lograrían la suspensión de la pragmática. La insurrección estaba fechada el Jueves Santo, 15 de Abril 1568, pero el capitán general del reino de Granada, marqués de Mondéjar, fue informado del complot y los moriscos tuvieron que retrasarlo.
 En la noche del 16 de Abril debido a una falsa alarma se tocó un rebato en la fortaleza de la Alhambra, y los vecinos castellanos estuvieron a punto de saquear el barrio morisco del Albaicín y matar a sus habitantes “porque con la sospecha que se tenía, creyeron que se alzaban”. Después de aquel incidente los moriscos alarmados se quejaron a Mondéjar de los peligros que les hubiera podido ocasionar la alarma mientras que el cabildo empezaba a repartir armas entre los castellanos. Un embajador francés escribía en mayo que la alarma había sido causada por una conspiración entre moriscos y piratas argelinos, pero notaba también que existían proyectos de deportar todos los moriscos granadinos al norte de la península.
El 24 de junio Mondéjar mandaba a Felipe II dos cartas moriscas dirigidas al rey de Fez que se habían intervenido y le rogaba darle refuerzos militares o suspender la pragmática. Desde el año anterior Mondéjar (defensor de los intereses feudales y desde luego “amigo” de los moriscos) había manifestado al rey su oposición a la aplicación de la pragmática porque temía que pudiera ocasionar una rebelión y “se quejaba de que se hubiese tomado resolución… sin pedirle su parecer”. En la corte real no se creía en la conspiración y se atribuía la conmoción a unos monfíes, pero en Granada todos los castellanos esperaban una rebelión para la Navidad.
La Conjura de Nochebuena.
Acordaron que fuese en el invierno, la noche de Navidad, cuando la gente de todos los pueblos está en las iglesias, solas las casas, y las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando descuidados, desarmados, torpes con el frio, suspensos con la devoción, fácilmente podían ser oprimidos de gente atenta, armada, suelta y acostumbrada a saltos semejantes.
Poco antes de la Pascua en Granada se rumoreaba que los turcos llegarían en la Nochebuena para iniciar la rebelión del Albaicín. Se interpreta este rumor como una maquinación morisca; unos 8.000 moriscos procedentes de la Vega, del valle de Lecrín y de la Alpujarra asaltarían la capital, llevando tocados turcos con el fin de que viendo a estos “turcos” los moriscos granadinos ilusionados por los rumores de desembarco turco se sumarían inmediatamente a la insurrección. Mármol Carvajal (1924), afirma haber visto las confesiones escritas de unos presos moriscos y da el plan de la conjura, incluido una lista de los varios comandos que iban apoderarse de la ciudad. Se vio entonces en Granada por muchos días en el Poniente… sangrientas batallas de hombres peleando a caballo y se interpretó que el Cielo confirmaba con señales las sospechas que los castellanos tenían contra los moriscos.
Los días del Movimiento.
Según Mármol Carvajal (1924) el jueves 23 de Diciembre, novedades en la Alpujarra adelantaron la rebelión: en Poqueira una partida de monfíes emboscaron a unos funcionarios de Ugíjar que volvían a Granada para la Pascua y habían robado las bestias de unos moriscos. Los mismos monfíes mataron luego a cinco soldados de Motril los cuales también robaban a los moriscos para llevarse “regalos” a Granada.
Enardecidos por estos sucesos los monfíes emboscaron la misma noche en Cádiar todo un destacamento de guardas que iban a Adra despojando de paso a los campesinos moriscos. De concierto con Fernando El Zaguer, alguacil morisco de Cádiar, los monfíes mataron a estos soldados mientras pernoctaban en las casas del pueblo. Los moriscos de Cádiar mandaron entonces a sus familias y a sus animales a la sierra y los jóvenes del pueblo acompañaron a los monfíes a Ugíjar. El Zaguer y un jefe monfí  fueron a juntar más gente en los pueblos vecinos para luego concentrarse todos en Ugíjar.
Granada celebró el nacimiento de Jesús con soldados en las calles. La mañana del Sábado 25, dos moriscos llegaron de Orgiva e informaron a Mondéjar que la Alpujarra estaba en rebelión.  Mondéjar pensó que unos piratas desembarcados actuaban con los monfíes y mandó que se formara una fuerza para salir a la costa si era necesario. En la noche del 25 al 26 ocurrió la famosa entrada en el Albaicín del jefe de los conjurados Farax Aben Farax con unos 150 monfíes. Los miles de alpujarreños que venían a asaltar Granada no pudieron cruzar la sierra por las fuertes nieves. Farax no logró convencer a los líderes moriscos de la capital de rebelarse y salió a la calle con su pequeña fuerza antes del amanecer: “Hizo que todos los compañeros dejasen los sombreros y monteras que llevaban, y se pusiesen bonetes colorados a la turqués, y sus toquillas blancas encima, para que parecieses turcos.”
Como se dice hoy en las fiestas de moros y cristianos los “turcos” iban “pidiendo la guerra” desfilando con sus banderas al  son de música mora en las calles vacías del Albaicín. Se enfrentaron con una patrulla cristiana y después de otros incidentes menores se detuvieron en una loma encima del Albaicín donde uno de ellos proclamó la rebelión: “No hay más que Dios y Mahoma, su mensajero. Todos los moros que quisieren vengar las injurias que los cristianos han hecho a sus personas y ley, véngase a juntar con estas banderas, porque el rey de Argel y el Jerife, a quien Dios ensalce, nos favorecen, y nos han enviado toda esta gente y la que nos está aguardando allí arriba. Ea, ea, venid, venid; que ya es llegada nuestra hora, y toda la tierra de los moros está levantada.”
La patrulla agredida avisó a Mondéjar en la Alhambra pero él se negó a bajar sus soldados al Albaicín y a dar la alarma alegando que carecía de tropas. Mondéjar impidió así la llegada de los moriscos de la Vega quienes esperaban los tiros de alarma de los cañones de la Alhambra para acudir en masa al combate. Aceptando la realidad de la intentona de Farax, el caso es que los moriscos del Albaicín y de la Vega no se sumaron a la revuelta. Por la mañana los castellanos viejos subieron con las armas al Albaicín para matar moriscos pero Mondéjar y sus soldados se lo impidieron. Mondéjar salió por fin de Granada detrás de los monfíes de Farax pero sólo les alcanzó cuando desaparecían en la sierra. Los monfíes cruzaron Sierra Nevada en la noche y el día 27 provocaron la rebelión de unos pueblos del valle de Lecrín afirmando que “los moros” habían tomado Granada.
Mártires en la Alpujarra.
Casi toda la Alpujarra se alzó directamente después de la emboscada de Cádiar. En los días 24 o 25 escuadras de monfíes y de jóvenes (los gandules) fueron de pueblo en pueblo enarbolando las banderas de la rebelión, atacando a los vecinos castellanos, saqueando sus casas y la iglesia del lugar. Las fuentes castellanas describen la matanza de los cristianos como acontecimiento salvaje que incluye casos de canibalismo y niños sacrificados. La masacre de los llamados “Mártires de la Alpujarra” ocurre antes de cualquier intervención armada cristiana y sus víctimas caen desarmadas en tiempo de fiestas: “hechos” que aumentan la barbarie de los crímenes y justifican la consecuente represión. Las reseñas del martirio establecen la responsabilidad colectiva de los alpujarreños por haberse todos (mujeres y niños incluidos) manchado las manos en la sangre de los cristianos.
El miedo causó la guerra.
En su narración de la rebelión, Mármol nos presenta moriscos y mártires actuando en casi el mismo drama en cada pueblo de la Alpujarra, pero él menciona también  acontecimientos locales muy específicos que nos ayudan a entender la dinámica que causó la “revolución morisca”. Después de los ataques monfíes del 23 de diciembre, el pánico se apodera de los castellanos y estos se encierran en las iglesias fortificadas. Las violencias parecen cometidas por monfíes y grupos de forasteros. Frecuentemente la matanza de los cristianos ocurre más tarde, cuando los ejércitos de Mondéjar en Orgiva.
El miedo de los cristianos fue una causa principal de la “revolución”. En un clima de tensión internacional, rumores de revuelta general y de desembarco turco aumentan el sentimiento de inseguridad de los colonizadores. Estas quimeras de conspiración y de matanza general les empujan a tomar medidas contra los moriscos. Tales manifestaciones hostiles, precisamente cuando los colonizados se ven acosados por abusos crecientes, favorecen o provocan la reacción morisca, desencadenando la guerra civil.
Por la tarde del 23 de diciembre dos supervivientes de la emboscada de Poqueira dieron la alarma en Orgiva y al día siguiente se avisó a todos los castellanos de los alrededores concentrándose en Orgiva donde se había fortificado una torre en caso de insurrección o de incursión de piratas. Los castellanos cogieron luego a mujeres y niños moriscos como rehenes y se encerraron con ellos en su “castillo”. Los moriscos del pueblo se alzaron entonces y enarbolando sus banderas, cercaron la torre mientras familias y animales subían a la sierra y sitiaron el castillo hasta la llegada del ejército de Mondéjar.
En Ugíjar el alguacil mayor fue informado de la rebelión tres días antes por el párroco de Darrical (el cual había informado a Mondéjar de la rebelión de Semana Santa) y ordenó entonces a los vecinos castellanos a congregarse todos en la iglesia previamente fortificada.
Pero los vecinos no le hicieron caso por no creer en la posibilidad de un desembarco musulmán en pleno invierno. El viernes la noticia de la matanza de Cádiar les alarmo y de repente todos se hicieron fuerte en la torres de la iglesia y de dos casas cercanas. “Estas tres torres estaban en triángulo, puestas de manera que los de dentro no dejaban asomar á nadie por las calles, que los enclavaban luego con los arcabuces, y tenían mucha munición que tirar, porque les habían traído dos días antes catorce arrobas de pólvora de Málaga, y el alcalde mayor había repartido entre los arcabuceros.” Los monfíes llegaron a Ugíjar en la noche, abriendo la cárcel y quemando el archivo judicial local. La mañana del sábado 25 los habitantes moriscos abandonaron el pueblo cuyas calles dominaban los tiradores de las torres. Un superviviente de la emboscada de Cádiar alarmó al comandante de la guardia de Dalias y éste pensando en un ataque de piratas o de turcos, pidió auxilio a Almería y salió con su fuerza a Adra donde no encontró noticia de desembarco.
Viendo muchos “moros” en los cerros el oficial concluyó que toda la comarca se había alzado y por miedo a encontrarse cercado, se retiro a Adra. Los moriscos atacaron de noche y prendieron fuego a una torre que era de madera, quemándose vivos la mayoría de sus defensores. La otra torre se rindió y se negoció la entrega de la iglesia. Los moriscos pedían a los castellanos les entregarán sus armas y pagarán un rescate para conducirles hasta Guadix. Pero el alcalde mayor rechazó el acuerdo, insulto a los “moros” hicieron un gran fuego en la puerta de la torre y los “cristianos” tuvieron que rendirse. Muchos moriscos de otros pueblos habían acudido a la contienda y se maltrato a los castellanos mientras bajaban de la torre con cuerdas. Al día siguiente, cumpliendo con una orden de Farax, gandules y monfíes ejecutaron a todos los presos en el cementerio.
Varios pueblos del valle de Lecrín no se sumaron a los monfíes de Aben Farax y sus habitantes huyeron a la sierra. Los soldados que Mondéjar mandó a tomar el puente de la Alpujarra en Tablate se dedicaron al saqueo del pueblo y fueron asaltados y derrotados por los moriscos. Después de la emboscada de Poqueira los moriscos de la zona de las Guájaras se fueron a la sierra por verse atacados por bandas de castellanos de Motril y Salobreña. Muchos se refugiaron en Guájaras del Fondón, donde el día 30 de Diciembre llegó el señor del pueblo con unos 150 soldados para defenderse de los monfíes. Amenazó con saquear el pueblo sino se le entregara comida y dinero y el párroco no logró convencerle de irse con sus tropas. De noche, los moriscos metieron fuego a la iglesia que servía de cuartel al señor y a sus soldados y los mataron a todos. Luego escoltaron el sacerdote hasta Motril.
Guerra á fuego y á sangre.
Enfurecidos por las noticias que llegaban de la Alpujarra, los castellanos de Granada se incorporaron en masa en las milicias. Un alto cargo propuso la deportación de todos los moriscos para evitar una revuelta en la ciudad. Asustados por la noticia de una intervención militar del gobernador de Murcia, el marqués de los Vélez, los moriscos protestaron delante de Mondéjar y querían ayudar a la corona contra los monfíes, verdaderos responsables de la conmoción. Las milicias concejiles castellanas se concentraron en Granada hasta el día 3 de enero 1 569 cuando Mondéjar salió a la Alpujarra. Las tropas acamparon primero en el valle de Lecrín e inaguraron la campaña saqueando los pueblos cercanos, matando a muchos moriscos y tomando a sus mujeres como esclavas. Los milicianos tenían poco valor militar e iban motivados por el afán de botín. Los moriscos mandaron varias embajadas pidiendo la paz, embajadores de El Zaguer informaron a Mondéjar que los moriscos querían entregarse y acusaron a los monfíes de los estragos cometidos.
Salvo el rechazo de estas iniciativas de paz por Mondéjar, la campaña se caracteriza por los saqueos sistemáticos y unas masacres ejemplares. Así en Jubiles cientos de moriscas cautivas fueron matadas delante de la iglesia o la matanza de los defensores de los Guájaras (mujeres y niños incluidos) ordenada por Mondéjar, sin olvidar las masacres en Félix y Ohanes por el marqués de los Vélez. Al final de febrero la pacificación parecía completa y la mayoría de los moriscos habían entregado sus armas.
Enigmas de la rebelión.
 La historia de los mártires de la Nochebuena justificaba el genocidio de los autóctonos por los castellanos. Durante esta llamada matanza los moriscos de Turón escoltaron a los castellanos del pueblo hasta Adra para salvarlos de los monfíes. La visión oficial de la rebelión desbarata la variedad de actitudes de los moriscos que no eran partidarios unánimes de la “revolución” pero fueron todos tratados como enemigos o sospechosos. En realidad no hubo unión entre los moriscos durante la guerra ni siquiera dentro del reino de Granada. Por los estragos del marqués de los Vélez y de los soldados de Mondéjar (Lároles, Válor) o la masacre de los prisioneros volvieron a alzarse, encontrando que la paz no era posible.
Conclusión
Los hechos que presenté parecen a la crónica de una rebelión anunciada sino de una provocación para justificar un genocidio. Descartando la idea de un complot de los cristianos, lo cierto es que ellos se preparan para la rebelión así desencadenan un proceso que transforma la ficción en tragedia. De la actuación del mito conspiratorio surge la historia. Los castellanos actúan según unos temas producto de la memoria colectiva cristiana. Cartas de conspiradores intervenidas, ataque en las fiestas, rey mesiánico de los rebeldes, simbolismo de signos celestes, de los días y del nombre, carnavalesco en la rebelión como mundo al revés, sacrificio de niños, canibalismo, etc... Son tantos temas que aparecen en las crónicas de la revolución morisca y cuyas genealogías ayudarían quizás a entender cómo se construye el mito de una rebelión. Tales temas forman parte de la herencia cultural o de la memoria histórica de un pueblo y rigen la práctica de sus miembros, teniendo a veces una historia muy larga.

El Pogromo de Granada de 1066


En el siglo X era tan numeroso el asentamiento de los judíos en Granada que el cronista Abu - Bakr Muhammad Ibn Zakari llamó a la ciudad Garnatat al-Yahud, ''la Granada de los judíos''.
Los árabes llamaron en sus crónicas y escritos de la época a este lugar Garnatat Al-Yahud o Granada de los Judíos durante más de 80 años, a partir del año 711.
Era un asentamiento judío llamado Garnatat, que habitaban próximo a las orillas del Darro, en la colina del Mauror, coronada por las Torres Bermejas, antes de la llegada de los árabes y que facilitó a éstos la conquista del lugar. Los árabes la llamaron al principio Garnatat Al-Yahud (Granada de los judíos).
A la llegada de los árabes existían 3 pequeñas poblaciones:
Iliberis (Elvira), en el Albayzín y Alcazaba.
Castilia, cerca del actual pueblo de Atarfe.
Gharnatat, en la colina, frente a la Alcazaba, que era un arrabal de Iliberis.

Granada es un término cuya acepción en hebreo es "ger-anat": ''campo de refugiados". La ciudad surgió como suburbio de Elvira, y en él se instalarían los judíos escapados de las guerras de Roma, cuando se iniciara esa primera diáspora por Europa tras la segunda destrucción del templo de Salomón, en el año 70, durante la Gran Revuelta Judía. Cuando llegaron los musulmanes en el 711, la llamaron "Gharnatat Al -Yahud" en sus textos.
La Granada nazarita tuvo dos visires judíos, Samuel Ibn Nagrela y su hijo José, que adoptó el nombre árabe de Yusuf, que protegieron a la comunidad judía, y que ambos murieron asesinados entre 1056 y 1066.
Su muerte en los palacios de la Alhambra estuvo unida a la aniquilación de la población judía de Granada por los hispano-musulmanes. Se calcula que hasta cinco mil judíos perecieron en el pogromo hispano-musulmán de 1066 que acompañó al asesinato de los dos visires judíos de la corte nazarita.
En general los judíos se consideraron como propiedad personal de los reyes, califas o emires, lo que les permitía cierta independencia y privilegio de trato, pero a la vez recelos encontrados, muchos de los cuales estallaron en los Pogromos de 1013 en Córdoba y en 1066 en Granada o en 1391 en los reinos cristianos, hasta la definitiva expulsión en 1492.
Esa cifra iguala o supera a la de judíos presuntamente asesinados por los cruzados en su pillaje de la Renania unos treinta años después, al comienzo de la Primera Cruzada. Es probable que al pogromo de Granada incitara, entre otras cosas, la acerba oda antijudía de Ibrahím ben Mosud, llamado Abu Ishaq Al-Ilbiri (es decir, ''el de Elvira''), célebre jurista y poeta musulmán de la época, que había escrito un impresionante poema de odio antisemítico, ante el rumor que corría por la ciudad del asesinato sobre el rey Badis en la Alhambra por José Ibn Nagrela.
La ciudad clamaba venganza, culpando a los judíos de Granada y, tras la lectura de la ''Diatriba'' de Abu-Ishaq, el 30 de Diciembre de 1066 fueron perseguidos como alimañas, siendo asesinados, degollados o ahogados por humo, en la razzia de fuego y sangre que se inició esa noche en la ciudad.
El rey Badis fallecería 7 años después, en 1073, sin haber podido evitar, en su momento, la ira antisemita de Abu-Ishaq y sus consecuencias sobre la judería de Granada.

Texto de la casida, Diatriba de Abu-Ishaq que desató la matanza

"Lleva, mensajero, a todos los Sinhaya, lunas llenas y leones de nuestro tiempo, estas palabras de un hombre que los estima y que creería faltar a sus deberes religiosos si no les diera saludables consejos.
Vuestro señor ha cometido un yerro, del que los malévolos se regocijan: pudiendo elegir su secretario entre los creyentes, lo ha tomado entre los infieles. Gracias a este secretario, los judíos, desde el fondo de su vilipendio se han convertido en grandes señores, hasta el extremo de que ya en orgullo y arrogancia rebasan todo limite.
De la noche a la mañana y sin sospecharlo siquiera, han conseguido cuanto pudieran apetecer; han llegado al ápice de los honores, de manera que el mono más vil de esos infieles cuenta hoy entre sus dores una muchedumbre de piadosos y devotos musulmanes. Y todo eso no lo deben a su propio esfuerzo, no; ¡el que los ha encumbrado tan alto es un hombre de nuestra religión!
Ah! ¿Por qué ese hombre no sigue a su respecto el ejemplo que dieron los príncipes buenos y devotos de antaño? ¿Por qué no los vuelve a su puesto? ¿Por qué no los convierte en los más viles de mortales?
Entonces, yendo en tropel, llevarían en medio de nosotros una vida errante, a merced de nuestro desdén y nuestro desprecio; entonces no tratarían a nuestros nobles con altivez, ni a nuestros santos con arrogancia; entonces, no se sentarían a nuestro lado esos hombres de raza impura, ni cabalgarían al lado de nuestros grandes señores de la corte! ¡Oh Badis! Tú eres un hombre de gran sagacidad y tus conjeturas equivalen a la certeza:
¿Cómo es posible que no te percates del mal que hacen esos diablos cuyos cuernos se manifiestan por doquier en tus dominios? ¿Cómo puedes profesar afecto a esos bastardos que te han hecho odioso ante el género humano? ¿Con qué derecho esperas afianzar tu poder, cuando esas gentes destruyen lo que tú edificas? ¿Cómo puedes otorgar una confianza tan ciega a un malvado, y hacer de él tu íntimo amigo?
¿Has olvidado que el Omnipotente dice en el Libro que no hay que trabar amistad con los malvados? No tomes, pues, a tales hombres como ministros; abandónalos a las maldiciones, pues toda la tierra clama contra ellos; ¡pronto temblará y entonces todos pereceremos! Dirige tus miradas hacia otros países y verás que en todas partes se trata a los judíos como perros y se les da de lado.
¿Por qué has de ser tú el único en obrar de otra manera, tú que eres un príncipe amado de tus pueblos, tú que procedes de ilustre estirpe de reyes, tú que aventajas a tus contemporáneos, como tus antepasados aventajaron a los suyos?
Llegado a Granada vi que allí señoreaban los judíos. Se habían repartido la capital y provincias; en todas partes mandaba uno de esos malditos. Ellos recaudaban las contribuciones, comían opíparamente, vestían con todo lujo, en tanto que vuestra indumentaria estaba vieja y deteriorada. Todos los secretos del Estado les eran conocidos: ¡qué imprudencia confiarlos a traidores! Los creyentes malcomían a razón de un dírham por cabeza; ellos, en cambio, banqueteaban suntuosamente en palacio.
Os han suplantado en el favor de vuestro soberano, ¡oh musulmanes! ¿Y vosotros no los recusáis, les dejáis hacer? Sus oraciones resuenan igual que las vuestras: ¿no lo oís, no lo veis? Sacrifican bueyes y carneros en vuestros mercados y ¡vosotros coméis la carne que para ellos mismos es inmunda! El jefe de esos monos ha enriquecido su morada con incrustaciones de mármol; ha hecho correr fuentes donde corre el agua más cristalina y en tanto que nos hace esperar a su puerta, se mofa de nosotros y de nuestra religión.
¡Oh, Dios, qué desventura! Si dijera que es tan rico como tú, ¡oh rey!, diría la verdad. ¡Ah! Apresúrate a degollarlo y a ofrecerlo en holocausto; sacrifícale; es un carnero cebón. No perdones a sus parientes y allegados. También ellos han reunido inmensos tesoros. Toma su dinero. Tú tienes más derecho que ellos.
No creas que sea una perfidia matarlos, no; la verdadera perfidia sería dejarles reinar. Han quebrantado el pacto que habían estipulado con nosotros; ¿quién se atrevería, pues, a recriminarte por castigar a perjuros? ¿Cómo podríamos nosotros aspirar a distinguimos, viviendo en la oscuridad, cuando los judíos nos deslumbran con el brillo de sus grandezas? Comparados con ellos somos objeto de vilipendio, y diríase en verdad que nosotros somos unos malvados y que esos hombres son gente honorable.
No consientas por más tiempo que nos traten como hasta ahora vienen haciendo, pues tú nos responderás de su conducta.
Recuerda que tú también un día tendrás que dar cuenta al Eterno sobre la manera como hayas tratado al pueblo que El eligió y que ha de gozar de la eterna bienaventuranza."

Pasadizos Rodríguez Acosta


Historia y Localización:
El edificio central y sus jardines fueron construidos entre 1914 y últimos años de la década de los años veinte, teniendo una superficie construida de aproximadamente 3.100 m/2. La edificación y jardinería se desarrollan en distintos niveles, dando lugar a la creación de jardines colgantes con patios.
La vía principal, a la que se accede más monumentalmente desde el pórtico del Patio de Venus, comunica éste con la calle Aire Alta, después de salvar un considerable desnivel por medio de varios tramos de escaleras.
Pasadizos Historia:
Durante la limpieza y adecuación del solar que compró José María Rodríguez-Acosta con el fin de construir su estudio, cuando comenzaron a plantear los cimientos, salió a la luz una galería subterránea, larga y profunda, posiblemente del tiempo de los moros.
“Rodríguez-Acosta mandó no solo conservarlas sino prolongarlas y adornarlas de modo fantástico, de suerte que vinieron a formar otro palacio subterráneo bajo el que se construía fuera”.
Esta descripción es la más aceptable de todas las que se han sucedido; las características de estas galerías y su carácter misterioso, oculto y enigmático, han dado pie a todo tipo de interpretaciones, leyendas y conjeturas, algunas muy extendidas pese a no tener el más mínimo fundamento científico, ni histórico, ni arqueológico.
En principio podríamos sospechar que, la mayor parte de las vías que sirven de comunicación directa con el interior del Carmen-estudio, y con la casa que denominamos “Residencia de artistas”, así como las puertas y oquedades ciegas con acceso desde el jardín, pudieron ser adecuaciones e incluso, zonas nuevas abiertas con motivo de la construcción de este edificio, y que debían estar en relación con funciones y usos, específicos requeridos por el propio José María Rodríguez-Acosta.
Además de funciones de paso, y almacén, no hay que olvidar la necesidad de dar la ventilación apropiada a estos espacios, ya que sin ésta, el exceso de humedad acabaría por hundirlos, circunstancia que pudo darse en otros tramos presumiblemente existentes bajo solares colindantes, al ir cegándose poco a poco el recorrido que dibujaran, por la necesidad de separación e incomunicación que requerirían los distintos propietarios de las viviendas que sobre ellos se erigían.
Posibles Utilidades:
Prospecciones Auríferas:
Para algunos investigadores (García Pulido, 2008), muchos de estos pasadizos y abovedamientos del subsuelo, tienen relación con las explotaciones mineras auríferas romanas (ruina montium) del Cerro del Sol y la Colina Roja (colina de la Alhambra, llano de la Perdiz, hasta Cenes de la Vega). Por lo que habría que buscar un origen aún más antiguo (s. I d.C. ) y un uso más industrial que bélico, a la mayor parte de todos estos entramados subterráneos que discurren por toda la zona del Mauror, coronando la Antequeruela alta y que van buscando la Colina Roja.
La Fundación Rodríguez-Acosta, situada junto a Torres Bermejas, se asienta sobre el denominado Conglomerado Alhambra; ésta formación conglomerática, que a veces puede verse incluso en superficie (tapia del Carmen de los Catalanes en el mismo Callejón Niños del Rollo), ocupa tanto la colina en que está asentada la Alhambra como el Llano de la Perdiz, así como la zona ocupada por los barrios históricos del Sacromonte y del Albaicín. Se trata de un gran paquete de conglomerados de unos 200 m. de espesor visible, con una estratificación dispuesta horizontalmente o con ligero buzamiento hacia la Depresión de Granada. Esta formación ha sido interpretada como un depósito ligado a abanicos aluviales coalescentes procedentes de los relieves situados al norte y este de la Depresión de Granada (Sierra Arana y Sierra Nevada). Su edad es, según Martín y Braga (1997), Plioceno basal. Litológicamente, la formación Alhambra está formada por conglomerados heterométricos sin cementar con matriz arenosa-limosa y cantos de rocas metamórficas.
Mazmorras:
En época nazarí, la población de religión distinta a la islámica en Granada se reducía a viajeros o comerciantes y principalmente a los cautivos. Estos, en su mayoría castellanos habitantes de las tierras limítrofes con Granada, eran hechos prisioneros durante las frecuentes refriegas y escaramuzas que se producían entre ambos reinos. Un interesante documento gráfico sobre este tema se encuentra en la denominada “casa de las pinturas” del Partal de la Alhambra en la que se observa una escena del regreso de soldados con cautivos cristianos, siendo este uno de los pocos testimonios nazaríes sobre el tema. Más numerosas son las fuentes cristianas como las que afirman que en el momento de la toma por los Reyes Católicos había en Granada entre setecientos y mil quinientos presos, “pocos” ya que muchos otros murieron durante su cautiverio.
Este se situaba en la denominada loma de Ahabul que iba desde Torres Bermejas hasta la puerta de los Siete Suelos que entonces se llamaba Bab-al-Guduz, la puerta de los pozos, por existir en esta zona numerosos silos que pudieron servir como almacenes o mazmorras, o ambas cosas.
El viajero alemán Jerónimo Munzen pudo verlo en persona en 1494 y lo describe como “un lugar espacioso, rodeado por un muro, donde hay catorce profundas cuevas, muy estrechas por la parte alta, con un solo orificio, de mucha profundidad y cavadas en la misma roca”. Fue conocida esta prisión por los castellanos como corral de cautivos, de cristianos o de Cieza por proceder algunos de dicha población".
Estas mazmorras consistían pues en un profundo pozo de forma troncocónica, por cuya estrecha embocadura se introduciría o sacaría a los cautivos mediante cuerdas o escalas. Igualmente, al estar amurallado, no es descabellado pensar que la fortaleza de Torres Bermejas se integrara en este recinto. Como misteriosa podemos calificar la existencia de numerosos pasadizos subterráneos bajo el cercano Carmen de Rodríguez Acosta, que los especialistas relacionan con estos silos, pudiendo ser galerías de comunicación entre las mazmorras.
A parte de estos pasadizos, al otro lado del callejón del Niño del Royo en el que se sitúa la citada fundación, en el Carmen de los Catalanes o Peñapartida, se han hallado varios de estos pozos y dos torreones que pudieran formar parte de las mazmorras. Igualmente, dentro del propio Carmen de los Mártires, Leopoldo Torres Balbás encontró en 1930 una mazmorra de cinco metros de profundidad por diez de diámetro en su fondo y dos en su embocadura. Todo ello viene a corroborar la importancia y extensión de este recinto en el que además se enterraba a aquellos cautivos que morían durante su cautiverio como afirma el propio Munzen y ratifica el carmelita descalzo natural de Granada e historiador fray Francisco de Santa María: “hanse hallado en este corral muchas sepulturas, que conocidamente fueron de cristianos por cruces y otras insignias que junto a los huesos se descubrieron”. Es por ello que tras la toma de la ciudad se denominó esta loma como “Campo de los Mártires” con fama de lugar santo.
Como silos:
En la zona del Mauror-Realejo, se hablaba tradicionalmente de la existencia de estas zonas que eran utilizadas como alacenas y despensas en los tramos que se ocultaban bajo las casas. En el “Carmen de las ánimas”, cerca de la “Puerta del Sol”, debieron de existir. En la Casa de lo Tiros, en la calle Pavaneras, ya casi a nivel de la medina zirí, encontraron, durante unas excavaciones, parte de lo que sería el arranque de unos pasadizos parecidos a los que existen en la Fundación.
A nivel histórico podemos señalar las mazmorras que aparecen recogidas junto a Torres Bermejas (s. IX-XIV), en la Plataforma de Ambrosio de Vico trazada en 1613. Esas mazmorras, serían en origen silos excavados, como otros que existen en la Alcazaba de la Alhambra, destinados al almacenamiento de alimentos de primera necesidad, para la manutención del destacamento de este baluarte defensivo, en caso de ser sitiado.
Pasadizos entre viviendas Judías:
Los pasadizos de la Fundación Rodríguez-Acosta, están trazados y realizados en este tipo de suelo, con una organización concreta, en absoluto laberíntica, pese a su apariencia inicial, desarrollando un recorrido con ángulos perfectamente escuadrados, que presuponen una planificación previa por parte de una persona con conocimientos constructivos, ingeniero capaz, ya sea antiguo (hispanomusulmán), como del tiempo de construcción del Carmen-estudio, quizás el propio ingeniero Santa Cruz que intervino firmemente al comienzo de obra. A día de hoy, nos es imposible poder distinguir qué zonas son las originales que encontró José María Rodríguez-Acosta ya trazadas y que otras zonas son fruto de la ampliación que éste hace en las galerías, con vistas a darles un sentido y en definitiva, la organización que hoy conocemos.
Con el paso del tiempo fueron cambiando sus funciones. Hoy día pueden ratificarse la existencia de estos y otras oquedades, en el solar del carmen frontero al de la Fundación Rodríguez-Acosta, el llamado Carmen de los Catalanes (propiedad actualmente del Patronato de la Alhambra).
También son conocidas otras en el Carmen de los Mártires, así como los pasos de ronda subterráneos y otros pasadizos existentes en la zona palaciega del recinto amurallado de la Alhambra.
Los Pasadizos Hoy:
Todo el interior del subterráneo está encalado, tanto las columnas, relieves, y otros elementos decorativos añadidos, como las zonas de paramento liso, terminación cálcica que posiblemente se aplicara con objeto de favorecer la consolidación de todos estos elementos, teniendo en cuenta el alto porcentaje de humedad ambiental de estas zonas. El suelo está empedrado con cantos rodados planos, constituyendo uno de los típicos modos de solar, que se conoce en Granada como “empedrado granadino”. El conglomerado Alhambra, difícilmente se puede distinguir, entre los enfoscados de la pared, el pavimento y la homogeneidad que da el encalado. Por lo tanto, y tal como apuntábamos anteriormente, sólo con una minuciosa y cuidada exploración podrían determinarse con exactitud qué zonas excavadas fueron las ampliaciones que realizó José María Rodríguez Acosta.
En principio podríamos sospechar que, la mayor parte de las vías que sirven de comunicación directa con el interior del Carmen-estudio, y con la casa que denominamos “Residencia de artistas”, así como las puertas y oquedades ciegas con acceso desde el jardín, pudieron ser adecuaciones e incluso, zonas nuevas abiertas con motivo de la construcción de este edificio, y que debían estar en relación con funciones y usos, específicos requeridos por el propio José María Rodríguez-Acosta. Además de funciones de paso, y almacén, no hay que olvidar la necesidad de dar la ventilación apropiada a estos espacios, ya que sin ésta, el exceso de humedad acabaría por hundirlos, circunstancia que pudo darse en otros tramos presumiblemente existentes bajo solares colindantes, al ir cegándose poco a poco el recorrido que dibujaran, por la necesidad de separación e incomunicación que requerirían los distintos propietarios de las viviendas que sobre ellos se erigían.
Además de los tramos que podríamos denominar “de ventilación”, que dan acceso al jardín, existen otros que discurren en dirección opuesta a aquellos y que son “galerías ciegas”. Aunque se ha creído que estos tramos sin salida podrían desembocar en la finca lindera, y que por esta razón se llevó a cabo su cierre, esto no es más que una hipótesis sin ratificar.

El desdichado


El desventurado Boabdil acompañado de su madre, esposa e hijos se retiró al valle de Purchena, donde se le había concedido un territorio corto, pero fértil, con el señorío y rentas de varios pueblos. AI visir Jusef Aben Comixa se había señalado igualmente muchas tierras; y así él como Jusef Tanegas acompañaron al Rey en su retiro. Si cupiese en el corazón del hombre vivir contento con la posesión del bien presente, sin acordarse de grandezas pasadas, Boabdil hubiera podido al fin disfrutar algunos días serenos. Viviendo en un valle delicioso y en el seno de su familia, rodeado de vasallos obedientes, y de leales amigos, hubiera podido volver atrás la vista, y contemplar su pasada carrera como quien recuerda las especies de un confuso y espantoso sueño; y debiera bendecir el cielo por haber despertado en el goce de tan tranquila seguridad. Pero Boabdil no podía olvidar que había sido Monarca, y la memoria de la pompa regia en que se había visto, le hacían mirar con desprecio todas las comodidades que disfrutaba. En este estado de cosas el visir Aben Comixa, creyendo complacerá a su amo, ó acaso inducido por los ministros de Fernando, se concertó con el Rey Católico para la venta de las posesiones de Boabdil, y sin la aprobación ni consentimiento de éste, la efectuó por la cantidad de ochenta mil ducados de oro, que le fueron pagados en el acto. Aben Comixa, cargando el dinero en acémilas, partió alegre de vuelta a las Alpujarras, y llegando á presencia de Boabdil, le puso delante el oro, diciendo: "Señor vuestra hacienda traigo vendida; ved aquí el precio de ella. He querido apartaros del peligro en que vivís, permaneciendo en esta tierra. Los moros son una gente veleidosa y temeraria, y con el pretexto de serviros no dejarán de intentar cosas que acarreen la ruina de todos nosotros, y pongan en riesgo vuestra persona. He notado también la tristeza que os consume en este país, donde todo os recuerda que fuisteis Rey, sin dejaros la menor esperanza de volverlo á ser. Vamos, señor, al África, que con este dinero compraremos allí mejor hacienda, y viviremos con más honor y más seguridad.

Al oír estas palabras fue tal la cólera de Boabdil, que sacó su cimitarra, y si no le quitaran tan presto de delante á su oficioso visir, lo sacrificara en el acto á la rabia que le dominaba. Pero Boabdil no era vengativo; aquella llamarada de ira se apagó muy pronto, y viendo que el mal no tenía remedio, juntó sus tesoros y efectos preciosos, y partió con su familia y criados para un puerto de mar donde le esperaba un navío prevenido por orden del Rey cristiano.

Cuando llegó al puerto, acudieron muchos de los que habían sido sus vasallos para verle antes que partiese. Embarcase Boabdil, y los espectadores viendo desplegadas al viento las velas del navío, ya libre de sus amarras, quisieran con una despedida afectuosa, mostrar á su desgraciado príncipe el interés que tomaban en su suerte; pero la consideración del estado humilde á que había llegado, trajo irresistiblemente á su memoria el apellido ominoso de su juventud: "Adiós, Boabdil dijeron, Alá te guarde, Al-Zugabi" (el Desdichado). Esta denominación fatal se imprimió altamente en el corazón del expatriado Monarca, y de nuevo se le humedecieron los ojos al perder de vista las nevadas cumbres de la serranía de Granada.

Llegando á Fez, fue bien recibido del Rey Muley Acmed, deudo suyo, y vivió muchos años en sus dominios. Su manera de vida en todo este tiempo, y si la pasó con resignación ó disgusto, no lo dicen las historias. La última noticia que se tiene de él es del año 1526, treinta y cuatro años después de la pérdida de Granada, cuando acompañó al Rey de Fez á la guerra, para suprimir una insurrección de dos hermanos llamados Xerifes. Los ejércitos se dieron vista en las orillas del Guadisved, o rio de los esclavos junto al vado de Bacuba. El rio era profundo, las orillas altas; y por espacio de tres días estuvieron los dos ejércitos haciéndose fuego de la una á la otra parte, sin atreverse ni unos ni otros á pasar aquel vado peligroso. Al fin, habiendo el Rey de Fez dividido su ejército en tres trozos, dio el mando del primero á su hijo, en unión con Boabdil, encargándoles que pasasen el vado y ocupasen al enemigo, mientras él llegaba con el resto de las tropas. Boabdil acometió la empresa; pero cuando llegó á la orilla opuesta, fue tan vigorosamente atacado por el enemigo, que el hijo del Rey de Fez y muchos de los capitanes más valientes murieron en el primer encuentro. Retrocediendo estas tropas, se mezclaron con las demás que empezaban á pasar el vado, y se siguió la mayor confusión y desorden; la caballería atropellaba á los peones, y éstos, atosigados por la matanza que hacía en ellos el enemigo, no sabían á que parte volverse; por manera, que los que escapaban de morir a hierro perecían en el agua. En esta horrible carnicería sucumbió Boabdil, verdaderamente llamado Al-Zugabi, triste ejemplo de los caprichos de la fortuna; pues tuvo este príncipe valor para morir en defensa de un reino ajeno, no habiéndolo tenido para morir defendiendo el suyo.